El 31 de marzo pasado se realizó en la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) un debate sobre los desafios de la prensa. Allí el secretario de redacción de la sección Política del diario La Nación, Jorge Fernández Díaz, realizó una exposición que dio mucho que hablar en las semanas siguientes.
Fue tan contundente su exposición que al final de ella alguien le pregunto: "¿El escrito que usted leyó, mañana lo va a presentar en Tribunales?"
El texto es demaciado largo pero seleccione algunos parrafos para quien no tenga tiempo de leerlo y coloque el link al texto completo para quien quiere profundizar sobre el tema.
"Conozco algunos amigos que entraron a la radio con una idea política y salieron de la radio con otra.
Uno de ellos, el primer día hizo un comentario y recibió cincuenta llamados pegándole. Al día siguiente, lo llamaron otros cien para recriminarle. Al tercer día, empezó a morigerar su posición: sólo recibió veinte mensajes en contra, y dos a favor. Lentamente fue virando su posición y siendo complaciente, y hubo un momento en el que recibió cincuenta llamados a favor. Y siguió ese camino. Y se convirtió en un super periodista, en un referente social y en un héroe de la democracia. Es decir, en un predicador electrónico y en un demagogo mediático.

Estos ejemplos son muy peligrosos. Se supone que los periodistas tenemos acceso privilegiado y formación para entender los hechos. Si no decimos lo que tenemos que decir, sino lo que el público quiere escuchar, estamos practicando una especie de "clientelismo periodístico". El cliente, en periodismo, no siempre tiene la razón.
Sin embargo, de la sana costumbre de la investigación se pasó al "periodismo de denuncia". Derribar ministros, diputados y concejales se convirtió en un deporte periodístico. Rendía en materia de rating y en circulación, era premiado, conllevaba un gran prestigio, y entonces todos quisieron hacer una muesca en su arma. "¿Cuántos políticos derribaste vos? ¿Cuatro? Yo, nueve".
Había un Watergate berreta cada sesenta minutos. En eso se había convertido el periodismo político. Tire al blanco, que no hay problema".